República de los olvidados 2

Desde lo alto de una morera se pueden ver muchas cosas. Se puede ver cómo cada mañana los alumnos se cuadraban frente a una cruz. Eso sí, si eras zurdo o zurda, te caía la manta de palos; la mano del infierno.

Pero todo esto me resulta vacuo. Peor fue caer en el instituto; donde mi amiga del colegio nunca me dirigió la palabra. Allí conocí a mucha gente. La mayoría carne de cañón. Nada interesante.

Aún más obsoleta resultó ser la Universidad. Personas que sólo querían un título, para cobrar más. Jajajajjajajjajajajjajajajajajajajajajjajajajajja. Terrible.

El conocimiento había pasado a un último término. Eran los años ochenta. Qué fiasco.

República de los olvidados 1

Años sesenta en Spaña. Años sesenta. “A las niñas no las metemos en una escuela religiosa” “A las niñas no las metemos en la escuela pública nacional catolicista” A ver qué hacemos con las niñas…

La escuela religiosa más cercana estaba en Castilleja de la Cuesta; “Allí murió mi tía Luisa, tísica y enferma de hambre, con muy pocos años. Mi madre estaba allí recluida con ella” , dice mi madre hablando de mi abuela y su tía. La escuela pública es la escuela franquista, dice mi padre.

Escuela concertada. Es la solución. Ya años setenta. Antes, en la pública yo maltratada por problemática, jajajjajajajajjaja. Mi hermana a golpes porque las mates no se le daban.

Recuerdo un día, rigor de telarañas, en que salté por encima de todas las mesas de esa escuela unitaria y le rompí las medias con un paraguas – desde el tobillo hasta el chocho- a la maestra que estaba aporreando a mi hermana.

Después, me recuerdo siempre en lo alto de la morera, rodeada de pájaros. Nadie me iba a obligar a asistir a esas clases.

Tiempos aquellos…

Ahhhhhhhhhhhhhhh!

Médico de cabecera, médico de cabecera… primero que lo que tienes es un hueso que sobresale, segundo que es un bulto de grasa. Por supuesto que no te envía a hacer una prueba. Eso no. Aquí prima la privada. Si quieres una prueba, paga por ella. Y digo yo que quienes van siempre a la privada y cuando tienen un problema serio se lanzan a la pública deberían estar penados. Porque ellos llegan desde la privada – que no tiene medios porque el dinerito se lo reparten entre ellos- y hacen correr las listas de la pública hacia abajo; vamos, que te tienes que esperar porque ellos, que no aportan nada, tienen preferencia.

Bueno, que tras una experiencia verdaderamente nefasta, yo reivindico a Lenin. Sienta mal en Spaña, facha hasta los tuétanos. Pero es que dan ganas de mataros a todos. A todos.

Es como las lentejas

Ya sé que no está de moda; pero nunca la he seguido. Me da igual. Y aunque lo güachi piruli es decir que hay que pensar en positivo y que todo va bien si piensas bien… yo, cansada de pensar bien a lo largo de cincuenta y seis años, pienso que no sirve para nada. Es más, me jode tela la gente que va de güachi piruli. Este tipo de persona es como el tipo vampiro. Te roba la sangre y te quita La Luz. Pero, bueno, este tema no era el que yo quería abordar.

En realidad no quería abordar ninguno. Miro el estado de mi país, observo a la poca gente que me rodea -físicamente- y me dan arcadas. Sí. Arcadas. Literalmente.

Y no los mando al carajo porque tal vez les guste; y eso sí que no.

Tan equivocados…

Estoy viendo una de ciencia ficción. Me encantan; cuando me parecen buenas. Y, hoy, que es mi cumpleaños, por primera vez no puedo concentrarme en lo que veo. Mi cabeza camina hacia atrás. No sé por qué. Es un hecho.

He hablado con dos amigos que siempre están ahí, resolviendo sus vidas. Ha sido constructivo y lleno de ternura.

Mi amor también está; es lo más importante.

Caminando hacia atrás mi cabeza me lleva hasta la adolescencia. Lugar extraño. Y en ese camino en retrospectiva está mi hermana Cati. Un viaje. Fin de curso.

Esta cuestión la hablamos ella y yo meses antes de su muerte anunciada. Lo grabamos y conservo la conversación.

Una noche tuvo que dormir en la habitación de otras compañeras. Se dijo que la había dejado tirada. Joder!!! Me había tomado una cerveza en Milán y no era mi costumbre. Además, estaba medicada para las fiebres reumáticas.

Yo no era la pelota de la catedrática. La catedrática me acosaba a mí. Pero no dejé a mi hermana tirada. Yo estaba medio muerta. Ahora ella está muerta entera.

Y, sí, soy lesbiana. Pero la catedrática nunca me gustó y me acosó hasta términos indecibles. Al fin y al cabo qué valía mi palabra frente a la suya…