Un falso amigo

Se la encontró a media mañana, ella a golpe de barbitúricos; tenía que solapar la idea de su propia muerte. Él, cocainómano, enfermo de muerte en plena vida y, varios años antes, me había topado con él. Hicimos amistad -en casa me acostumbraron a no dejarme llevar por las apariencias- y pasé por su casa muchas veces; muchas. Solo puedo decir que me arrepiento porque nada se puede esperar de alguien que busca la muerte cuando ella habita en tu propia casa. ¿Qué esperar de alguien que pone a su propio hermano a vender costo en las puertas de un instituto? Nada. Se la encontró a media mañana y tuvo Los Santos cojones de decirme que ella tenía muy buen rollo -harta de barbituricos, claro; era enferma terminal de cáncer- No como yo, que me negué a ponerme hasta el culo de cocaína. Paso, pasé. Me das asco.

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