La mirada de Joaquín

Múltiples cabezas sin rostro almacenaban la información inexacta. El primero en la fila, sin una imagen cabal como referencia, dictaba al viento una sucesión de espaldarazos en caída libre que nosotros combatimos -desde el principio- ignorándolos.

Viaje

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El viaje había que hacerlo a solas y el barco era una auténtica cáscara de nuez. A solas y con un faro fijo en mente al final de una sucesión de pleamares, bajamares, corrientes y algún que otro maremoto de lo más criminal. Sorteando islas o buscándolas con avidez; deteniéndose en la linde de una ola, abiertos los sentidos a cualquier indicio, gesto, ausencia.

Internándose.

Iván

Noria

Empecé a vomitar sangre el primer día que me callé. Yo era ya un hombre hecho y derecho y mis hijos habían hecho su vida, como debe ser. A mi mujer, que había perdido el trabajo, la llamaron dos días antes de ser expulsada un viejo grupo de conocidos; personas de otro tiempo que deseaban reunirse después de décadas de absoluta desaparición del mapa con idea de recordar y celebrar el reencuentro.

Estuvimos preparando todo para no faltar al evento y, en cierto modo, nos divertía saber cómo había sido la vida. La invitación fue tan cariñosa que no lo dudamos.

A lo largo de los años sólo habíamos conservado el contacto con Iván, el viejo amigo. Por suerte no nos había dado tiempo de comentarle la noticia de última hora, gracias a la que nos alejábamos de la inminente penuria económica que nos andaba rondando.

Cuando llegamos al local no pudimos evitar romper a carcajadas al comprobar cómo algunos nos daban esquinazo mientras otros ponían a buen recaudo la cartera.

Ensalada

La sombra se había proyectado un rato más sobre el largo muro. Ahora la ventana se cerraba y un hilo de luz dejaba pasar las figuras como en una sucesión de chinescas alargadas…