Fin de año

Ocurre que cada vez que me quedo a solas conmigo misma yo me desencadeno, me ofusco y me viajo. Después me monto en un adjetivo -los hay de sobra- y no puedo evitar sentirme como el punto que le falta a la interrogante de cierre.

De cada mancha que me ha ido arrojando el mundo a los ojos voy separando capas y, cuando llega el treinta y uno, el año tiene todo el aspecto de una cebolla diseccionada no apta para la mesa.

Pronóstico

Si me vuelves a robar un verso, te mataré. Se lo dijo con la mirada porque las palabras se las lleva el viento. Si me vuelves a calumniar sólo porque no nací en tu tierra, te mataré. Se lo dijo alejándose todo lo posible, porque los animales maltratados suelen medir el terreno antes de entrar a la lucha.

Y así siguió enumerando episodio tras episodio, tomando notas, rescatando daños, abriendo brechas…

Fue un largo viaje en una noche; todas las noches en un trago.

Más que pronósticos eran profecías porque el tiempo no lo cura todo.

Sentada con mi sombra

Qué difícil resulta,

qué trabajo me cuesta así dejarte

como al aire de lo que no buscas

sino a retazos de vacío.

 

Concederte el tiempo del que no dispongo,

hacer de mis ideas burdel para tu pecho,

no me deja sino auroras de una nueva nostalgia.

 

Sentada con mi sombra,

las manos sobre el rostro,

una taza de sueño pediría.

Primavera

Aunque aún no sabríamos decirlo, ni siquiera pensarlo con claridad, debió ser aquella última noche de primavera cuando algo puso fin a la vida estática de las plantas. Desde entonces cada invierno desaparecen como por arte de magia antes de la caída fatal de la temperatura durante las horas más oscuras de la noche.