Sentada con mi sombra

Qué difícil resulta,

qué trabajo me cuesta así dejarte

como al aire de lo que no buscas

sino a retazos de vacío.

 

Concederte el tiempo del que no dispongo,

hacer de mis ideas burdel para tu pecho,

no me deja sino auroras de una nueva nostalgia.

 

Sentada con mi sombra,

las manos sobre el rostro,

una taza de sueño pediría.

Sinenomine

Pues si es cierto que el tiempo

lo desvela todo y rige la verdad,

ese cruel hacedor de promesas y desengaños,

bien pudiera sentarme aquí un momento

y acaso divagar un rato;

apostar, de la clepsidra, por la sutil medida

sin esperar destino.

Y -cicuta aparte- gozar de ese momento

tal vez amargo y rojo,

tal vez hermoso y mío.

Amor rodante

Como el caracol,

amor rodante de pulso a pulso.

Barcarola de espuma

no estés triste.

De arriba al centro

de abajo al surco,

ya sabes:

como el caracol

esperando dentro a que salga

el Sol,

barcarola de espuma rodando el río.

Entre cuatro paredes con tu pecho

mira,

soy yo.

He venido para estar

y ya sabes,

barcarola de espuma rodando el río,

amor rodante de paso a pulso.

Do you Want to Know a Secret?

No sé si lo recuerdas…

entró como una furia

la cabeza bien alta

y su abrigo de Fedra

impregnándolo todo.

Era una mañana cálida,

el horizonte rosado

y la torre -a lo lejos-

observaba la escena.

La duda

Estoy varada en esta costa de tu ausencia

agotada por el largo pasaje

y sin saber -ahora lo dudo-

si mereció la pena viajar noche y día

para llegar a dónde.

Ahora que ni siquiera distingo

sed de realidad

me inclino sobre ti en sueños

con los ojos vacíos

y te pregunto

si no vendrás para quedarte

con cualquier pretexto.

In anima vili

Cansado estoy de arrepentirme

pues la vista que contemplo

hace tiempo parece detenida

en su continuo devenir

de pobreza y servidumbre.

Absorta en una elipsis

la luminaria ciencia

recita con el vientre

su incontenible deseo

de ángel en cuclillas.

En la naturaleza

dos caras son de la misma moneda

correr del tiempo y sabiduría.

En la naturaleza.

Lúgubre es la tea que por vosotros prendí un día

y por ello cándido y no Prometeo me siento;

portador de cadenas

que no merma la herrumbre

ni el paso del tiempo

-contra el que a ciegas lucháis- debilita

aun siendo más livianas que esas vuestras

conquistadas a golpe de soberbia sin lumbre.

… haberme jugado la muerte por vosotros…

no la efímera vida

con su legión de claraboyas distantes,

la delicada muerte.

Acaso llegará la hora

en que la tierra

al fin

dé vueltas con el sol

montada en su carro.

Las mujeres,

que parieron millones de hijos,

celebrarán a Copérnico

en su útero celeste.

Diverso y lúbrico

el universo no deja de morir.

Ya todo está

en la penumbra

sin descanso.

Tempus fugit

Había cumplido ya los sesenta

sintió por segunda vez la orfandad.

Le dejaron dos millones

era cuanto tenían.

Se lo dieron todo.

Pidió al banco un millón hipotecando la casa

y con los tres construyó una plaza de garaje.

La vendió por cinco.

Hoy vive en un nicho soleado

con vistas a los chopos.

Rodeada de los suyos.

… Así es el tiempo,

cadencia de una nube.

Diapasón

Qué mentira más grande ya desde la mañana.

Silencio abrupto se derrama sobre alforjas bien repletas que huyen

sin impuestos.

Hurtos, vandálicos golpes de pecho.

Dos posturas maniqueas y un amigo podrido cruzan la calle

sin reloj.

No hay prisa.

Hoy me va bene.

Te digo sin desplantes que ya no te creo.

Qué mañana más cálida.

Ojos abiertos.

Diecinueve de septiembre

Revuélcate por este instante

que tanto te pertenece.

Deja que el vello de tu cuerpo se temple

bajo el hermoso lomo arqueado de la bestia.

Complácete.

Mezcla la suma brevedad de la vida

con el eterno esplendor de la milésima.

Orgiástica

Danzar

alrededor del fuego

crepitando de miedo y dicha.

Danzar

como aquellas muchachas de la isla

que sus cuerpos ofrecieran a la noche

al son de bailes antiguos.

Danzar

con el pelo revuelto

enredada en las piernas la muerte.

Swing

Tal vez no fuera necesario

que en mitad de una noche

te asomaras a este abismo

de mis ojos,

o que yo (dejando a un lado esta especie de nerviosismo

histérico y pueril) indagara

sobre el vuelo de tus manos.

Después… nada condenatorio…

un beso, una mueca, una caricia.

Y, a lo sumo, perderse en el viaje insalvable,

apenas cronológico

de mirar y mirarte en el rellano;

en la puerta

lejos.

Otra vez reunidas.

Tropo

Yo no quiero ni mirarte

ahí clavada,

en el centro,

desde hace tanto tiempo

y viéndonos venir.

Cambiando de ropaje,

de inquilinos,

vistiéndote de historias

ceñidas en el pecho.

¿Qué no habrán visto tus rampas

subiendo al campanario

que tu voz no murmure

-toda veleta-

a los cuatro vientos?

Quimera de Notre Dame

Inmóvil, la luz de frente mostrándome la sombra.
Al norte, al sur,
cambiante con las horas
mi sombra palidece.
Gárgolas y arbotantes,
puntos de apoyo y guardianes prisioneros
por los que el agua fluye y el sol
se pierde.
Estaciones
¿cuatro?
Quizá.
Tanto y tanto alrededor, que no veis,
y sólo puedo pensar,
contentarme con el crepúsculo,
despertar,
que tocan a maitines.
En mi sueño desplazo esta mano
que soporta mi rostro.
He aquí mi fealdad estática,
la que en verdad os espanta a todos,
he aquí la belleza móvil de mi quimera,
la que me eleva por encima de vosotros.

Biarritz a media sombra

Cruzó la calle a saltitos,

con los ojos abiertos a media sombra.

Cruzó la calle a lomos de la brisa,

con aquella delgadez de sombra y gorriones.

Cruzó la calle a ras de parachoques,

con la boca entreabierta y rumor de comisuras.

Cruzó la calle lentamente,

con los hombros despegando a mirar horizontes.

Cruzó la calle con mis ojos.

Yo ayudé con mis párpados.

San Gimignano

Esta luz de retirada,

toque de la calle que estrecha,

y las nubes

acaso no prometan sino otra eternidad

o la clara evocación del sortilegio:

tu mirada.

Pues la belleza aquí quedó detenida;

sólo te resta girar sobre tus pies

avanzar,

mirar de soslayo el crepúsculo

y entregarte un instante a la dicha.

Insomnes

Tal vez el silencio alrededor es tan grande,
aun a sabiendas del estruendo solapado que lo produce,
que metida yo en la tinaja y tú en el libro
la trinchera se haya hecho palpable
una vez burlado el crepúsculo.

Te he sentado a mi lado con un vaso de diálogo sin voces.
Bebemos despacio.
Amanece.

Éxito

A fuerza de no buscar me he encontrado

con lo que no esperaba

y por la calle me cruzo con individuos perdidos,

vendedores de mapas poseídos

por sus ritos.

Festejan, mientras corren, la pompa de un día.

De vuelta a casa la violeta en flor

me hace un guiño desde su pequeño jardín.