Hipervínculo

A Jim le sobra la caja que ha transportado durante años de un lado a otro del mundo, continente tras continente, sumándose al ritmo e incluso inventándolo. Juan ya no se pregunta por la poderosa presencia de Marta. Pepe se fue y queda Ismael, tranquilo como siempre, pegado al teclado que compartieron ambos bolo tras bolo. Yo estoy aquí, con Serena, reordenando notas de un tiempo e ilusionadas con nuestro proyecto común y varios años de trabajo concienzudo. Brindamos por los ausentes ya pasado el mediodía y recordamos, reímos, lloramos.

Por teléfono se nos unen Eva y el otro Juan.

Hace un buen día.

Viaje

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El viaje había que hacerlo a solas y el barco era una auténtica cáscara de nuez. A solas y con un faro fijo en mente al final de una sucesión de pleamares, bajamares, corrientes y algún que otro maremoto de lo más criminal. Sorteando islas o buscándolas con avidez; deteniéndose en la linde de una ola, abiertos los sentidos a cualquier indicio, gesto, ausencia.

Internándose.

Solución definitiva

Cuando siento que el dolor no se aplaca, dibujo un canasto y lo aplasto para que no quepa nada; para no atesorar, para olvidar cualquier significado, para dormir, para perderme en un desierto de palabras que desconozco: a la deriva.

Iván

Noria

Empecé a vomitar sangre el primer día que me callé. Yo era ya un hombre hecho y derecho y mis hijos habían hecho su vida, como debe ser. A mi mujer, que había perdido el trabajo, la llamaron dos días antes de ser expulsada un viejo grupo de conocidos; personas de otro tiempo que deseaban reunirse después de décadas de absoluta desaparición del mapa con idea de recordar y celebrar el reencuentro.

Estuvimos preparando todo para no faltar al evento y, en cierto modo, nos divertía saber cómo había sido la vida. La invitación fue tan cariñosa que no lo dudamos.

A lo largo de los años sólo habíamos conservado el contacto con Iván, el viejo amigo. Por suerte no nos había dado tiempo de comentarle la noticia de última hora, gracias a la que nos alejábamos de la inminente penuria económica que nos andaba rondando.

Cuando llegamos al local no pudimos evitar romper a carcajadas al comprobar cómo algunos nos daban esquinazo mientras otros ponían a buen recaudo la cartera.