Warsar y Luci

El padre de Warsar se despidió un día y una mujer se acercó para saludarla. Iba vestida con el color de las cucarachas maduras y, aunque Warsar nunca había tenido nada en contra de las vacas, cada vez que había abierto la boca parecía llevar dentro todo un establo.

Curioso animal -se dijo para sí misma- parece triste y sin embargo sus ojos están llenos de rencor y astucia; sus labios apenas se mueven al hablar, pero el olor es tan intenso que dan ganas de llamar a mi amigo el pastor catalán para que recoja esta manada encabritada.

Tarde o temprano las voces llegan todas con el viento. Hasta el susurro más leve se viste con sus alas para alcanzar el tímpano-estación que le corresponde en la ruta.

“Hermoso es el tiempo porque clarifica”, le decía siempre Luci a Warsar sentadas sobre el lomo de un libro vacío.

Ensalada

La sombra se había proyectado un rato más sobre el largo muro. Ahora la ventana se cerraba y un hilo de luz dejaba pasar las figuras como en una sucesión de chinescas alargadas…