Ayyayai!

Sé exactamente cuántos años hace que no celebro la navidad. Eso sí, he tenido un pequeño Nacimiento en una esquina de mi mesa (no hay sitio para más), pero desde que murió mi hermana ( te quiero tanto) no he vuelto a sacarlo del cajón.

Estoy cansada de religiones ahora que todo el mundo dice estar cansado de política, eso sí, votando a la ultraderechita. Me cansa tanto todo…

Ahora que tan frágil es la salud de mi mujer, que tan cansada estoy de familia política y no política, aprovecho para desearos lo mejor y a mí la muerte; si a ella le pasa algo. Porque al final es lo que decía mi madre: estoy sola.

El brillo para las urracas

Como buena miope… el brillerío no me destempla, no me apabulla, no me llama. Me gustan los colores apagados porque no me deslumbran ni pierdo la vista. Sin embargo puedo elevar a legión el número de congéneres que me han comparado con una urraca tan solo porque hasta buena parte de mi vida he sido razonablemente feliz; feliz con un encuentro, con un sombrero, con una cerveza, con una conversación, con una pieza musical. Ahora les doy la enhorabuena a l@s de la legión porque no hay nada que me haga sonreír. Y si río a carcajadas es porque quien tuvo retuvo y guardó pa la vejez. Enhorabuena, de verdad. Lo habéis conseguido, pero sigo siendo, si cabe, más miope. Aun así, siempre he visto más de lo que hubieran querido muchos de ustedes. A joderse toca.

Lecturas

Ser de ninguna parte y viajar por los libros. Ser de ninguna parte. Observar cómo todo se repite; el orden es tan exacto que te mueve a risa porque llorar ya no se quiere. Ya no se puede. Ser de muchas páginas, convivir con muchos personajes, vivir plenamente. Los amigos están en cada hoja. Los matices ya se vieron.

Para cerrar capítulos

Olía ya a descomposición de órganos internos, pero no constaba en el listado de enfermos con necesidad de cuidados paliativos. Así que la subieron en la grúa para sentarla en un sillón y, mientras jugaban a Lázaro, vi su mirada de pánico -con un solo ojo- colgando allí indefensa.

Sin rémoras

Amma fotografía cuanto ve. Su compañera vuela como los pájaros sin necesidad de psicotrópicos. Mi hermana descansa en paz; lo sueño cada noche. Mi hermana ha recobrado el equilibrio, lo noto en su hija.

Recibimos a amigos en casa en plena limpieza profunda. Es agradable. Tenemos que adecuar el espacio para albergar libros.

La Romana neoyorquina ha pasado por aquí; la quiero mucho. El veintinueve de agosto hace un año que murió mi madre. Fue todo tan injusto… el tratamiento experimental adelantó el sufrimiento. Un día antes de comenzar reíamos a carcajadas paseando por el pueblo. Esto no lo perdono, es una rémora; lo sé. Así es la vida. Mi amor y yo tenemos planes. Me voy a seguir limpiando.

Un falso amigo

Se la encontró a media mañana, ella a golpe de barbitúricos; tenía que solapar la idea de su propia muerte. Él, cocainómano, enfermo de muerte en plena vida y, varios años antes, me había topado con él. Hicimos amistad -en casa me acostumbraron a no dejarme llevar por las apariencias- y pasé por su casa muchas veces; muchas. Solo puedo decir que me arrepiento porque nada se puede esperar de alguien que busca la muerte cuando ella habita en tu propia casa. ¿Qué esperar de alguien que pone a su propio hermano a vender costo en las puertas de un instituto? Nada. Se la encontró a media mañana y tuvo Los Santos cojones de decirme que ella tenía muy buen rollo -harta de barbituricos, claro; era enferma terminal de cáncer- No como yo, que me negué a ponerme hasta el culo de cocaína. Paso, pasé. Me das asco.