Civilización y barbarie

A nadie que haya estudiado filología hispánica se le escapa esta dicotomía. La del título, quiero decir. Es casi lo primero que se investiga en lo que se refiere a literatura hispanoamericana. Pero no es sobre esta cuestión, ni sobre este tema, de lo que yo quiero hablar.

Hoy quiero felicitar a mi única sobrina por su cumpleaños; cumpleaños al que no asistiré. No es fácil porque la echo mucho de menos y quisiera darle un beso en la coronilla -ponerle un pajarito- y disfrutar de su presencia. Pero no lo haré.

Mi mujer y yo hemos estado al aire libre en el restaurante en el que de un modo exiguo celebramos nuestra boda. Después del confinamiento pensábamos que sería una buena idea para celebrar dos dias antes su cumpleaños. Craso error. Había, como nunca, seis mesas enlazadas también de celebración.

Como en las películas del oeste, las servilletas repletas de miasmas corrían por el suelo. La gente se amontonaba sin mascarillas y a disfrutar, que en los hospitales hay camas para todos. Una pesadilla.

Hemos vuelto con desangelo. Ya antes del primer plato se agolpaba un grupo de mujeres pegadas a nosotras y lanzando las colillas de sus cigarrillos al campo siempre limpio. La distancia de seguridad directamente al carajo y, además, mierda a la naturaleza.

En fin. Quiero decirle a mi sobrina que me mantengo lejos de ella porque la quiero. Que cuanto más se quiere a una persona más lejos te mantienes de ella en estos momentos.

Y también quiero decirle que hay personas maravillosas, pero que hay que escarbar.