La rueda

Cuando me preguntaron si podían grabar mi imagen durante la entrevista de trabajo me chirriaron los dientes, pero me educaron bien y pude mantener la compostura. Lo que me extrañó fue ver frente a mí doce pares de ojos para un sencillo trabajo como auxiliar externo en una obra para la Diputación. Por más que lo intento no puedo olvidar la cara de cada uno de ellos, tampoco el cinismo.

Amor rodante

Como el caracol,

amor rodante de pulso a pulso.

Barcarola de espuma

no estés triste.

De arriba al centro

de abajo al surco,

ya sabes:

como el caracol

esperando dentro a que salga

el Sol,

barcarola de espuma rodando el río.

Entre cuatro paredes con tu pecho

mira,

soy yo.

He venido para estar

y ya sabes,

barcarola de espuma rodando el río,

amor rodante de paso a pulso.

San Gimignano

Esta luz de retirada,

toque de la calle que estrecha,

y las nubes

acaso no prometan sino otra eternidad

o la clara evocación del sortilegio:

tu mirada.

Pues la belleza aquí quedó detenida;

sólo te resta girar sobre tus pies

avanzar,

mirar de soslayo el crepúsculo

y entregarte un instante a la dicha.

Viaje español

Ulises Camionero fue niño un día y se le descarnaron los muslos por los tejados en busca de un poco de plomo que vender en el mercado del hambre. Había sido también intrépido ingeniero de radios de galena y rastreó el horizonte sin zapatos, como improvisado domador de la onda pirenaica, tanteando la distancia entre cerros y ribera en una Camas abisal allá por el treinta y tantos.

Entonces los grandes almacenes no existían y las primaveras se promocionaban solas. No había nada que vender, tampoco disentir era posible.

Como las plantas que reciben poca luz, Ulises se acostumbró a mirar por encima de las circunstancias para no padecer la ceguera propia de quienes se habitúan a los espacios pequeños y cerrados independientemente de las hectáreas. El viaje, pensó, consiste en mejorar y –como quien busca la fortuna- buscó el conocimiento a través de los libros y el diálogo mientras trabajaba a destajo para sobrevivir con los suyos.

Más tarde descubrió que el trabajo en determinadas condiciones no ennoblece a nadie, ya que en ese caso la pirámide social tendría el aspecto de un trompo, de modo que se asoció con otros cuando la reunión de tres individuos se consideraba una manifestación violenta sin necesidad de pancartas.

Ha pasado el tiempo (la vida vuela más que corre) y esta primavera, Ulises, como otros tantos que a pesar de sus propias circunstancias lucharon por esta democracia, tan sólo se pregunta si ahora que es el momento se avanzará un poco más, si desde el Parlamento el pluralismo se hará dueño de la vida diaria para expresarse en libertad, mostrando matices. Quiere ver para creerlo, porque después de todo sigue sabiendo una misma cosa: el viaje consiste en mejorar.

¿Cómo lo ves?

Tal y como yo lo veo, Tucre, vuelves a hacer lo mismo que hace algunos años y aunque hay quien dice que las personas no cambian, yo siempre preferí  dejar ese margen esperanzador que nos permite toda la flexibilidad. Ahora me rindo, sin embargo, ante la locuaz evidencia, pero ya no sufro… porque de verdad que no es asunto mío.
¿Te has fijado en cómo se repite todo, en lo parecidas que son a menudo las situaciones, las cosas? A mí me maravilla este patrón siempre presente, también me relaja; lo fijo permite poca evolución y la vida, como la lengua, es un animal cambiante.
Reconocerlo, asimilarlo y aceptarlo me ha servido tanto como estudiar perspectiva y dibujo.

Y tú… ¿cómo lo ves?