Viaje

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El viaje había que hacerlo a solas y el barco era una auténtica cáscara de nuez. A solas y con un faro fijo en mente al final de una sucesión de pleamares, bajamares, corrientes y algún que otro maremoto de lo más criminal. Sorteando islas o buscándolas con avidez; deteniéndose en la linde de una ola, abiertos los sentidos a cualquier indicio, gesto, ausencia.

Internándose.