Swing

Tal vez no fuera necesario

que en mitad de una noche

te asomaras a este abismo

de mis ojos,

o que yo (dejando a un lado esta especie de nerviosismo

histérico y pueril) indagara

sobre el vuelo de tus manos.

Después… nada condenatorio…

un beso, una mueca, una caricia.

Y, a lo sumo, perderse en el viaje insalvable,

apenas cronológico

de mirar y mirarte en el rellano;

en la puerta

lejos.

Otra vez reunidas.

Juana y la felicidad

No sabía ni quería saber. Despertar era difícil y mantener el suave letargo, casi imposible.

Dejó en reposo las manos y en un vuelco del corazón sintió toda la vida a renglón seguido.

No pudo evitar sentirse plena.

¡Arriba!

Arriba con su vacío entre las manos.