Amor rodante

Como el caracol,

amor rodante de pulso a pulso.

Barcarola de espuma

no estés triste.

De arriba al centro

de abajo al surco,

ya sabes:

como el caracol

esperando dentro a que salga

el Sol,

barcarola de espuma rodando el río.

Entre cuatro paredes con tu pecho

mira,

soy yo.

He venido para estar

y ya sabes,

barcarola de espuma rodando el río,

amor rodante de paso a pulso.

Tropo

Yo no quiero ni mirarte

ahí clavada,

en el centro,

desde hace tanto tiempo

y viéndonos venir.

Cambiando de ropaje,

de inquilinos,

vistiéndote de historias

ceñidas en el pecho.

¿Qué no habrán visto tus rampas

subiendo al campanario

que tu voz no murmure

-toda veleta-

a los cuatro vientos?

Quimera de Notre Dame

Inmóvil, la luz de frente mostrándome la sombra.
Al norte, al sur,
cambiante con las horas
mi sombra palidece.
Gárgolas y arbotantes,
puntos de apoyo y guardianes prisioneros
por los que el agua fluye y el sol
se pierde.
Estaciones
¿cuatro?
Quizá.
Tanto y tanto alrededor, que no veis,
y sólo puedo pensar,
contentarme con el crepúsculo,
despertar,
que tocan a maitines.
En mi sueño desplazo esta mano
que soporta mi rostro.
He aquí mi fealdad estática,
la que en verdad os espanta a todos,
he aquí la belleza móvil de mi quimera,
la que me eleva por encima de vosotros.

Biarritz a media sombra

Cruzó la calle a saltitos,

con los ojos abiertos a media sombra.

Cruzó la calle a lomos de la brisa,

con aquella delgadez de sombra y gorriones.

Cruzó la calle a ras de parachoques,

con la boca entreabierta y rumor de comisuras.

Cruzó la calle lentamente,

con los hombros despegando a mirar horizontes.

Cruzó la calle con mis ojos.

Yo ayudé con mis párpados.

San Gimignano

Esta luz de retirada,

toque de la calle que estrecha,

y las nubes

acaso no prometan sino otra eternidad

o la clara evocación del sortilegio:

tu mirada.

Pues la belleza aquí quedó detenida;

sólo te resta girar sobre tus pies

avanzar,

mirar de soslayo el crepúsculo

y entregarte un instante a la dicha.