Fin de año

Ocurre que cada vez que me quedo a solas conmigo misma yo me desencadeno, me ofusco y me viajo. Después me monto en un adjetivo -los hay de sobra- y no puedo evitar sentirme como el punto que le falta a la interrogante de cierre.

De cada mancha que me ha ido arrojando el mundo a los ojos voy separando capas y, cuando llega el treinta y uno, el año tiene todo el aspecto de una cebolla diseccionada no apta para la mesa.

Pronóstico

Si me vuelves a robar un verso, te mataré. Se lo dijo con la mirada porque las palabras se las lleva el viento. Si me vuelves a calumniar sólo porque no nací en tu tierra, te mataré. Se lo dijo alejándose todo lo posible, porque los animales maltratados suelen medir el terreno antes de entrar a la lucha.

Y así siguió enumerando episodio tras episodio, tomando notas, rescatando daños, abriendo brechas…

Fue un largo viaje en una noche; todas las noches en un trago.

Más que pronósticos eran profecías porque el tiempo no lo cura todo.

Viaje español

Ulises Camionero fue niño un día y se le descarnaron los muslos por los tejados en busca de un poco de plomo que vender en el mercado del hambre. Había sido también intrépido ingeniero de radios de galena y rastreó el horizonte sin zapatos, como improvisado domador de la onda pirenaica, tanteando la distancia entre cerros y ribera en una Camas abisal allá por el treinta y tantos.

Entonces los grandes almacenes no existían y las primaveras se promocionaban solas. No había nada que vender, tampoco disentir era posible.

Como las plantas que reciben poca luz, Ulises se acostumbró a mirar por encima de las circunstancias para no padecer la ceguera propia de quienes se habitúan a los espacios pequeños y cerrados independientemente de las hectáreas. El viaje, pensó, consiste en mejorar y –como quien busca la fortuna- buscó el conocimiento a través de los libros y el diálogo mientras trabajaba a destajo para sobrevivir con los suyos.

Más tarde descubrió que el trabajo en determinadas condiciones no ennoblece a nadie, ya que en ese caso la pirámide social tendría el aspecto de un trompo, de modo que se asoció con otros cuando la reunión de tres individuos se consideraba una manifestación violenta sin necesidad de pancartas.

Ha pasado el tiempo (la vida vuela más que corre) y esta primavera, Ulises, como otros tantos que a pesar de sus propias circunstancias lucharon por esta democracia, tan sólo se pregunta si ahora que es el momento se avanzará un poco más, si desde el Parlamento el pluralismo se hará dueño de la vida diaria para expresarse en libertad, mostrando matices. Quiere ver para creerlo, porque después de todo sigue sabiendo una misma cosa: el viaje consiste en mejorar.

Viaje

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El viaje había que hacerlo a solas y el barco era una auténtica cáscara de nuez. A solas y con un faro fijo en mente al final de una sucesión de pleamares, bajamares, corrientes y algún que otro maremoto de lo más criminal. Sorteando islas o buscándolas con avidez; deteniéndose en la linde de una ola, abiertos los sentidos a cualquier indicio, gesto, ausencia.

Internándose.

Hugo y Warsar

Debes estar contento, Hugo. Retomar la montaña, con lo que me parece que a ti te supone, debe significar mucho. Las fotos me parecen de un reportaje y dan un poco de yuyu. No me extraña lo que dices de tus más y tus menos. Qué experiencia, ¿no? Las vistas desde el dormitorio parecen de ficción. Habrás vuelto mejor que un tibetano del Tibet.

Yo creo que a mí me habría encantado hacer una escalada así en tiempos de piernas más lozanas. Me imagino el silencio tan estupendo, el olor… no sé, a lo mejor le pongo una literatura propia de quien nunca lo ha hecho. Ya sabes, las cosas de la imaginación.

Lo del tembleque de las piernas lo entiendo estupendamente, oye, y lo asocio por otras razones a mi propio tembleque; yo también he recuperado un antiguo “vicio” que tenía abandonado: montar en bici. Este año por fin he podido dejar un poco la estática de casa y coger con más soltura de rodilla la de verdad: la de pedalear por la calle. Hemos salido todo el verano por la ciudad -por el centro casi vacío-, y me ha sentado bien aunque con muchas agujetas al principio y al final. Hasta ayer, que llovía, hemos ido por los carriles nuevos bordeando la ría. Nos ha encantado cómo se está recuperando todo. Creo que ya hoy vuelvo a la estática, pero es necesaria la lluvia.

Esos días te he tenido en la memoria residente; ya sabes, ría, pájaros, olor a playa como cuando en La Isla… los olores y los recuerdos casan de maravilla y hemos pillado algún atardecer precioso mientras leíamos las vitrinas con explicaciones de las especies, de la botánica, del renacimiento de una zona devastada del mundo que está saliendo a la luz con toda su belleza; como si emergieran de repente La Atlántida y Hugo haciendo de brújula en mi cabeza. Esto, quizá, porque hace poco le he regalado mi brújula a Colás, el sobrino de Luci, con mucho cariño.

Te dejo -que estoy escritora y escribo mucho-, pa’no aburrirte. Me alegra que hayas vuelto a la montaña, una señora que me seduce sin haberla conocido así tan adentro como tú.